In Itzcuintli

Cuando estoy solo,

junto a mí, aquí está mi perro. Allá, donde dicen

que de algún modo se existe ¿acaso junto a mí,

estará allá mi perro?

– Miguel Leon Portilla





El perro acompaña al humano desde que este se encontraba en su infancia mucho antes de las grandes civilizaciones, y con certeza nos acompañará en los caminos por venir, más allá de la eternidad.


Según algunos recuentos de nuestros ancestros, el perro es un ser nocturno que conoce los caminos en la oscuridad y puede ver los espíritus. Desde la época prehispánica hasta hoy, los mayas y los nahuas creen que:

"los perros ven muy bien de noche, ven a las almas que salen de los cuerpos cuando éstos duermen, por eso aúllan".

Es bien conocido el hecho de que los perros hacen guardia sobre la tumba de sus amos, olvidándose de comer, a veces hasta mueren en la espera y el duelo del amo que nunca regresó.

Esto explica por qué a nivel universal se lo consideró como el conductor del alma al reino de la muerte.


Los nahuas creían que al llegar al gran río del inframundo, el espíritu encontraba a su perro y montaba sobre su lomo para atravesarlo. Entre los mayas se confirma esta creencia por ciertos datos de las fuentes escritas y por sobrevivencias en algunos grupos actuales (tzeltales, tzotziles y lacandones). El perro que transportaba al espíritu tenía que ser el propio perro del muerto, ya que los otros constituían una amenaza en el camino. Los lacandones, según López Cogolludo, ponían junto al muerto, atado en posición fetal, comidas y bebidas para facilitarle el viaje al otro mundo; y además llevaba tortillas especialmente "para los perros que mató y comió para que allá no le muerdan (recordemos que en América entre los pueblos originarios no era tabú consumir perros como sustento).


El espíritu del muerto se concebía como una energía inmortal que en vida radicaba en el corazón, (energía conocida como Teyollia) o sea, como un "corazón inmortal", al que el perro guiaba hacia el inframundo.


El perro como conductor de los muertos se asocia entre los mayas también con Akba, oscuridad, glifo que se representa como ojo en varias imágenes de perros, como hemos dicho. La relación del perro con la muerte se manifiesta claramente, asimismo, en el hecho de que el patrón del signo Itzcuintli del Tonalpohualli es Mictlantecuhtli, dios de la muerte, que por ello recibe el nombre calendárico de 5 Itzcuintl.


Es así que al final del camino y al principio de la eternidad, los perros nos estarán esperando para realizar el viaje definitivo, el viaje que todos estamos destinados a realizar pero no solos cruzaremos el rio, no solos habremos de llegar más allá.


– El perro como símbolo religioso entre los mayas y los nahuas, Mercedes de la garza.


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